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Hierve el Esequibo

LA TENSIÓN ENTRE GUYANA Y VENEZUELA

Humberto Márquez desde Caracas / Brecha.com.uy

Un conflictivo cóctel que mezcla heridas históricas, controversia territorial, riquezas petroleras, diplomacia imperial y tiempo de elecciones ha escalado en el norte de América del Sur y con apenas un chispazo puede saltar de los micrófonos a las armas.

Nicolás Maduro, durante una reunión de la Asamblea General del Consejo Federal de Gobierno en el Palacio de Miraflores, Caracas, el 5 de diciembre. AFP, PRESIDENCIA DE VENEZUELA, ZURIMAR CAMPOS

Venezuela lanzó esta semana una campaña, hasta ahora de apariencia simbólica, pero respaldada por su aparataje militar, para hacer valer sus derechos sobre un espacio que lleva dos siglos en disputa, la Guayana Esequiba o el territorio Esequibo, 159.542 quilómetros cuadrados que ocupa su vecino de habla inglesa, Guyana. «Guyana debe saber que arreglamos este problema por las buenas o lo arreglamos», retó el presidente venezolano, Nicolás Maduro, al anunciar, el martes 5, ante sus ministros, jefes militares, políticos, gobernadores y alcaldes, medidas para avanzar en la recuperación de un territorio perdido ante Inglaterra hace 124 años.

En Georgetown, el presidente guyanés, Irfaan Ali, inmediatamente telefoneó al secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, y envió mensajes a los gobiernos de Brasil, Francia, Reino Unido, la Comunidad del Caribe, la mancomunidad británica (Commonwealth), el Consejo de Seguridad de la ONU y, muy especialmente, el Comando Sur de Estados Unidos, su principal aliado. Maduro «ha tomado un camino aventurero e imprudente. Venezuela se ha declarado una nación fuera de la ley», dijo Ali en una alocución televisada a sus compatriotas.

La controversia que opone a Caracas y Georgetown ha hibernado durante períodos muy largos y de hecho la inmensa mayoría de los latinoamericanos la desconoce, pero ha resurgido con fuerza al aproximarse Venezuela a una nueva encrucijada electoral y asomarse Guyana como nueva potencia petrolera sudamericana.

Las medidas anunciadas por Maduro –entre las que destacan fijar un nuevo mapa oficial de Venezuela que anexa como propio el Esequibo, advertir que deben entenderse con Caracas las transnacionales petroleras que operan en áreas submarinas pendientes de delimitación y reforzar los dispositivos militares en la frontera– llegan cuando comienza la cuenta regresiva para la elección presidencial de 2024.

El 22 de octubre los principales grupos de oposición hicieron una primaria abierta a la que acudieron 2,5 millones de electores (13 por ciento del padrón) en la que triunfó de manera arrolladora la liberal de derecha María Corina Machado (92 por ciento de los votos). Firmas encuestadoras aseguran que en una elección con condiciones equitativas Machado se impondría fácilmente a Maduro, quien gobierna desde 2013 y buscaría obtener un tercer mandato de seis años.

La Asamblea Nacional –en manos del Partido Socialista Unido de Venezuela, al igual que el resto de los poderes del Estado– convocó a un referendo consultivo sobre el tema Esequibo, que la oposición desdeñó por considerarlo una jugada de réplica a su primaria y un ejercicio de prueba de maquinaria y poder de convocatoria por parte del oficialismo.

El 3 de diciembre el referendo entregó un triunfo con entre 95 y 98 por ciento del Sí a las cinco preguntas en favor de que el gobierno tomase medidas para reivindicar la Guayana Esequiba y desconociese la competencia de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) de La Haya, que estudia el caso a pedido de Guyana y Guterres. Las cifras del referendo quedaron envueltas en polémica, pues la votación de 10,5 millones de electores según las autoridades no se compagina con el rastreo de medios, redes sociales y otros testimonios que mostraron vacíos y desolados numerosos centros de votación.

LA HISTORIA, ¿CUÁNDO NO?

El origen del conflicto puede situarse en el tratado angloneerlandés de 1814, firmado en Londres, cuando Inglaterra y los Países Bajos acordaron una redistribución de sus posesiones coloniales, mientras la América española libraba su guerra de independencia. Ámsterdam cedió la porción más occidental, de límites imprecisos, de su posesión en la región de Guayana, y conservó el actual Surinam.

Inglaterra, ¡por fin!, tenía una posesión en tierra firme sudamericana. Cuando luego reconoció la independencia de la República de Colombia (originalmente las actuales Venezuela, Colombia, Ecuador y Panamá), no objetó que el límite oriental de ese país de habla española al que ayudó a independizarse fuera el río Esequibo.

Pero a partir de la década del 30 del siglo XIX –ya con Venezuela separada de Colombia– Londres comienza a correr hacia el oeste la frontera de su Guayana Británica. En la segunda mitad del siglo XIX Venezuela rompe relaciones con el Imperio británico y reclama un arbitraje, y en el decenio de 1890 Estados Unidos, doctrina Monroe mediante («América para los americanos»), interviene en el pleito y exige a Londres que convenga con el pedido venezolano.

Se pactó en 1897 una corte arbitral con cinco jueces: dos británicos, dos estadounidenses, un ruso y ningún venezolano. En 1899 esa corte dictó en París un laudo que, sin motivación y extralimitándose sobre el acuerdo de dos años antes, fijó la actual frontera. La débil Venezuela aceptó el fallo a regañadientes, pero siempre lo consideró nulo.

En 1966, a punto de independizarse Guyana, se firmó en Ginebra un acuerdo tripartito Londres-Caracas-Georgetown que previó la búsqueda de un «arreglo práctico» de la controversia, el cual nunca se logró y finalmente el secretario general de la ONU lo puso en manos de la CIJ en 2018.

Es lo que siempre quiso Guyana, pues siempre exigió que primero se probase la nulidad del laudo de París, mientras que Caracas buscó infructuosamente un arreglo bilateral. La CIJ asumió que resolverá la cuestión, decidirá la frontera y Venezuela debería presentar sus alegatos en abril de 2024, aunque Caracas sostiene que la CIJ no es competente en este caso.

La CIJ impuso a los contendores el 1 de diciembre que se abstuviesen de actos que agravasen el panorama objeto de su estudio, y a Venezuela le exigió que no tome medidas que alteren el statu quo, reconociendo que Guyana tiene la administración y el control del territorio en disputa, aunque todavía no le atribuyó la soberanía.

Fuerzas militares venezolanas. XINHUA, MARCOS SALGADO

AH, EL PETRÓLEO

La controversia se ha petrolizado con gran desventaja para Venezuela, porque en la plataforma continental atlántica, frente al Esequibo, Guyana ha entregado concesiones a transnacionales, en particular al consorcio que integran las estadounidenses Exxon Mobil y Hess-Chevron Texaco y la china CNOOC.

Exxon, que salió de Venezuela hace 15 años al rechazar la estatización de sus activos y a la que Caracas acusa de maniobrar para que Guyana gane el pleito en la CIJ, ya produce en los bloques que le cedió Guyana unos 400 mil barriles diarios (de 159 litros) de crudo y espera llegar al millón de unidades a finales de la década.

Así, la que ha sido una de las naciones más pobres del hemisferio ahora ostenta la mayor tasa de crecimiento económico de la región, es el mayor productor mundial de petróleo per cápita (pues tiene solo 800 mil habitantes) y suma al apoyo del mundo anglosajón el de vecinos como Francia (que posee la Guayana Francesa) y Brasil.

La Fiscalía venezolana acusó a varios políticos opositores autoexiliados y a miembros del comando de campaña de Machado –a los que ordenó detener– de recibir dinero de Exxon para tratar de sabotear el referendo sobre el Esequibo.

El presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, en el pasado un importante apoyo de Maduro y de su fallecido predecesor, Hugo Chávez, ha dicho en tono de fastidio que los contendientes deben aminorar el pleito, pues «lo que menos necesitamos en América del Sur son más problemas». Los cancilleres Hugh Todd, de Guyana, e Yván Gil, de Venezuela, conversaron por teléfono el miércoles 6.

En el flanco militar, mientras vigila sin duda el Comando Sur estadounidense, Brasilia despachó refuerzos hacia la frontera con sus dos enemistados vecinos; Venezuela activó una «zona de defensa integral» en su extremo oriente y Guyana anunció que su Fuerza de Defensa está en «alerta máxima».

Mientras Maduro y Ali se envuelven en sus respectivas banderas, es previsible una lluvia de llamados internacionales a la moderación, al diálogo y a la paz. Pero también se ensancha el campo para una escalada del conflicto.

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