Saltear al contenido principal

El Tren de Aragua: cómo la banda se instaló en Chile y las operaciones para desarticularla una y otra vez

Pintas alusivos al grupo armado ELN y su guerra por el control territorial con el Tren de Aragua en las fachadas de las casas en Cúcuta en la frontera entre Venezuela y Colombia, el 29 de marzo de 2023.FERLEY OSPINA

La organización, originaria de una cárcel de Venezuela, fue detectada hace dos años por la Fiscalía chilena, que investiga tráfico de migrantes, explotación sexual, homicidios, torturas y tráfico de drogas

Santiago de Chile – elpais.com


La primera pista de la presencia del Tren de Aragua en Chile fue falsa, pero sirvió para que la Fiscalía se enterara de la existencia de la organización criminal que nació en la cárcel Tocorón en Venezuela y que hoy opera, al menos, también en Perú, Bolivia, Colombia, Brasil y Ecuador. Fue hace aproximadamente dos años cuando dos mujeres de nacionalidad peruana, que provenían desde Bolivia, fueron detenidas en la frontera, en la Región de Tarapacá, en el extremo norte del país sudamericano, portando ketamina. Cuando las interrogaron, dijeron que habían sido obligadas a internar droga por el Tren de Aragua.

“La excusa de esas mujeres, que eran traficantes, nos sirvió para conocer la organización. Y el tiempo nos ha entregado antecedentes que entonces no conocíamos, pues ya había gente de El Tren de Aragua en Chile, pero no se había manifestado”, dice a EL PAÍS el fiscal regional de Tarapacá Raúl Arancibia, designado en 2022 para coordinar en Chile todas las investigaciones de la megabanda. Así, empezaron a desentrañar -y entender- una serie de hechos que ocurrían, entonces principalmente en el norte. Entre ellos, varios homicidios tan violentos que los cadáveres eran encontrados con más de 15 balas enterrados o abandonados en el desierto y con señales de torturas. Esto, pese a que los asesinatos no son el principal crimen que cometen sus integrantes, sino el último tras una cadena de ilícitos.

Más de dos años después, se sabe que el Tren de Aragua se extendió por varias zonas del país y, aunque hoy hay abiertas varias investigaciones en reserva, han existido tres grandes operaciones a nivel nacional, desde la Fiscalía de Tarapacá, para desarticularlo. La primera fue en marzo de 2022, y abarcó tres regiones. En una de ellas, la de Valparaíso, a unos 109 kilómetros de Santiago, en la ciudad de Quilpué fue detenido Carlos González Vaca, alias Estrella, quien llegó desde Caracas como jefe de la organización en Chile. También fue apresado Hernán David Landaeta Garlotti, alias Satanás, sindicado por la policía como sicario.

En Chile, la megabanda ha cometido delitos como trata de personas con fines de explotación sexual de mujeres y adolescentes migrantes, sobre todo de nacionalidad venezolana, además de extorsiones, tráfico de drogas, torturas y asesinatos cuando sus víctimas no cumplen con los pagos a los que son obligadas. “Después de la pandemia, el crimen organizado se llama Tren de Aragua”, ha dicho el director de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), Sergio Muñoz, el 1º de septiembre durante un seminario sobre seguridad en el Senado. Y explicó que la realidad que se vive en el país sudamericano es “una criminalidad diferente”, distinta a la de hace años atrás, “con grupos delictuales que traspasan fronteras” y que “nos asombran”. Pero, agregó, “hoy todos los integrantes del Tren de Aragua que han querido instalarse para realizar operaciones en Chile están en prisión preventiva. Tenemos más de 54 integrantes de esta organización [detenidos]. Ese es un trabajo conjunto con la Fiscalía y en el que también interviene Carabineros”.

El Tren de Aragua surgió en el Centro Penitenciario de Tocorón, en el estado Aragua, en Venezuela, un penal que el 20 de septiembre recién pasado fue intervenido por el Gobierno de ese país en la Operación de Liberación Cacique Guaicaipuro. De su líder, Héctor Guerrero Flores, alias El Niño Guerrero, no se ha confirmado su captura, pese a que controla su organización desde el penal.

Sus ramificaciones se han extendido de distintas formas. Incluso, hay una célula del Tren de Aragua que se formó en Perú, durante el paso de sus miembros por ese país, y que hoy opera solo en la Región de Arica, en el extremo norte chileno. Esa facción, Los Gallegos, es considerada el brazo operativo del megabanda venezolana en esa ciudad. El fiscal Mario Carrera, de Arica, ha abierto una causa en 2022 -la operación policial se llamó Tren del Norte– en la que hay más 40 acusados por 18 delitos, entre ellos trata de personas migrantes, explotación sexual, torturas, tráfico de drogas y homicidios. En la preparación del juicio, el 17 de septiembre, un juez chileno tomó la polémica decisión de entregar a las defensas del grupo las identidades de 57 testigos protegidos, entre ellos agentes encubiertos.

El fiscal Arancibia describe a El Tren de Aragua como una organización criminal que funciona como “una empresa, casi transnacional, que opera con negocios ilícitos como la trata de personas, el tráfico de migrantes y de drogas y la extorsión. Y solamente utiliza la violencia, que nos puede parecer en muchos casos extrema, para amedrentar a sus enemigos o víctimas, para demostrar su fuerza o para hacer cumplir formas de trabajo que ellos quieren imponer”. “Se incluyen los homicidios, por supuesto, pero no es que sea una organización que se surta de eso, sino que cuida sus negocios, lo más posible, que les da mucho dinero y, si no le cumplen lo que propone, ahí viene la pelea”.

Una de esas disputas es la que terminó, en abril de este año, con cinco personas venezolanas acribilladas dentro de un automóvil tras participar de una fiesta en una parcela que habían arrendado en Batuco, una zona rural cerca de Santiago. Dos meses después, en junio, la Fiscalía de Tarapacá estableció que fue una operación de El Tren de Aragua.

La banda además ha extorsionado a personas que han migrado desde Venezuela y que, ya instaladas en Chile y han abierto pequeños negocios, amenazaba y cobrándoles dinero para que pudieran trabajar. Uno de esos casos, recuerda el fiscal, fue el secuestro, en julio, en el centro de Santiago, de una mujer venezolana que era dueña, junto a su marido, de una pastelería: llegaron ocho sujetos en un auto sin patente y se la llevaron por un fin de semana. La pareja, finalmente, decidió irse del país.

También se ha descubierto que cobra dinero a quienes, a su vez, ingresan ilegalmente personas a Chile por pasos fronterizos no habilitados. “Todo se paga. Cuotas, multas, y si no pagan, sufren consecuencias”, explica el fiscal Arancibia. Y ejemplifica que hace dos meses, en el municipio de Alto Hospicio, en Tarapacá, en un terminal de buses clandestino hubo dos homicidios y un herido de gravedad. “Esas tres personas se dedicaban al tráfico de migrantes, pero no habían cumplido con pagar lo que se les exigía. Entraron directo al terminal para matarlos”.

Los investigadores han establecido que el Tren de Aragua cobra 500 dólares a la semana a las mujeres que son explotadas, además de 50 dólares por alojamiento. Incluso, las obligan a pagar hasta por ir a una peluquería o un salón de belleza. “Es esclavitud, derechamente”, señala Arancibia.

Una empresa de fachada

Tras el primer golpe en marzo del año pasado para desarticular a la organización, vino un segundo, en enero. “Se detuvo a gente importante, a un líder que había venido desde el extranjero en una operación de drogas”. Esa vez, se detuvo a 18 personas, en el extremo norte y centro-norte de Chile, y se incautaron más de 263 kilos de cannabis; dos kilos de clorhidrato de cocaína y siste gramos de ketamina, además de ocho automóviles y un arma.

La última gran operación, bautizada como Tren de Aragua lll, fue a fines de mayo. Fue una prueba elocuente del tráfico de migrantes y de drogas y que la organización funciona como una empresa: habían adquirió un moderno bus que salió desde Tarapacá hasta Coquimbo, en la zona centro norte chilena. Dentro venían 28 personas extranjeras en situación migratoria irregular. Pero también ocultos 141 kilos de droga. Fueron detenidos 11 de sus miembros. “Era una organización con una sociedad de fachada, con nombre social que era propietaria de unos buses. Esto demuestra que es una organización que va creando distintas operaciones, aparentemente legítimas, para trabajar. Pero que, en el fondo, son ilícitas también porque los buses estaban traficando migrantes y, además, llevaban drogas”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Volver arriba