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Lula encarcelado: ¿fin o renovación del liderazgo político en Brasil?

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Un opositor al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva sostiene una jaula con la imagen del dirigente izquierdista brasileño vestido de presidiario, durante una manifestación de sus detractores en Brasilia. Crédito: Fabio Rodrigues Pozzebom/Agência Brasil

IPS Agencia de Noticias
Mario Osava

Perdida la batalla judicial, la cárcel pude ser la tumba o la más retumbante tribuna del liderazgo que aún ejerce el expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, condenado por corrupción y legitimación de capitales por la justicia de Brasil.

La prisión puede ampliar la influencia política de Lula, convertido en un mártir idolatrado por los pobres y los que combaten la inmensa desigualdad social brasileña. “Es precipitación” vaticinar su fin político, según el historiador Daniel Aarão Reis.

Nelson Mandela en Sudáfrica, Juan Domingo Perón en Argentina, Hugo Chávez en Venezuela y Fidel Castro en Cuba son algunos líderes que “salieron de la cárcel para los brazos del pueblo o regresaron del exilio para el poder”, recordó a IPS.

Son casos distintos entre sí y en relación a Lula, pero la historia produjo muchos ejemplos de condenados por delitos graves o acciones fallidas cuya prisión ayudó a alzarlos al liderazgo nacional.

Dos fallidos intentos de golpe militar contra un gobierno democrático, en 1992, impulsaron la popularidad que llevó Chávez a la presidencia de Venezuela en 1998. El asalto al Cuartel Moncada, comandado por Castro, acarreó su prisión y la muerte de decenas de militares y rebeldes, pero puso en marcha la revolución cubana.

La prisión durante 27 años no impidió Mandela de afirmarse como líder de la lucha contra el apartheid en Sudáfrica que, liberado en 1990, fue elegido como el primer presidente negro de su país cuatro años después.

El juez Sergio Moro, dentro de la operación Lava Jato (lavado de autos), determinó el jueves 5 la detención de Lula desde este viernes 6, por un delito común, la corrupción, que apunta al provecho propio, y no por un acto ilegal de fines netamente políticos, como los golpes de Estado en que se metieron Chávez y Perón.

Esa operación ha llevado a prisión hasta ahora a decenas de políticos y empresarios, en una investigación sobre las prácticas ilegales de empresas públicas como Petrobras y privadas como la constructora Odebrecht, cuyo impacto ha trastocado la política en este país de 208 millones de personas y ha llevado al descrédito generalizado a su liderazgo.

Pero Lula cuenta a su favor con el hecho de haber afianzado su popularidad, especialmente entre los pobres, por haber promovido una amplia redistribución del ingreso y reducido la pobreza durante sus dos mandatos (2003-2011).

Es el nuevo “padre de los pobres”, como era conocido Getulio Vargas, presidente brasileño en un periodo dictatorial (1930-1945), y otro democrático (1950-1954), en que estableció grandes avances en derechos laborales y la industrialización nacional.

A Lula lo califican sus defensores también como “padre de la patria”, al haber promovido una amplia proyección internacional de Brasil con una activa política externa, destacó Aarão Reis.

La memoria de su gobierno, de masivos programas sociales, como el de la Beca Familia, que benefició a unas 14 millones de familias, el fortalecimiento de la agricultura familiar y de la reforma agraria, el crédito escolar y otros mecanismos que incorporaron millones de jóvenes a la enseñanza superior, es de un período de ascenso de los pobres y reducción de desigualdades.

Además, se rememora su política económica desarrollista, de grandes proyectos de infraestructura y promoción de algunos sectores industriales, aunque en buena parte frustrados y contaminados por la corrupción, generaron muchos millones de nuevos empleos.

El recuerdo de esa bonanza explica la persistente popularidad de Lula, comprobada en las encuestas que le asignan más de 30 por ciento de intenciones de voto para las elecciones presidenciales de octubre, pese a la corrosión provocada por los escándalos de corrupción que desembocaron en su condena judicial y la de varios dirigentes de su izquierdista Partido de los Trabajadores.

Moro, juez de primera instancia, condenó Lula a nueve años y medio de cárcel, en julio de 2017, por haberse beneficiado del usufructo de un apartamento en la playa de Guarujá, cerca de São Paulo, como soborno por favorecer una empresa constructora en contratos de la compañía estatal petrolera Petrobras.

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