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Fuego amigo: el caos de la oposición venezolana (Crisis Group)

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Mientras los problemas socio-económicos de Venezuela se profundizan, también lo hacen las fisuras dentro de la oposición al gobierno del presidente Nicolás Maduro. Cerrar estas grietas es vital si se espera poner fin a la crisis por medio de una transición negociada. Los poderes extranjeros deberían apoyar la unidad de la oposición y dejar atrás la idea de una intervención militar. 

¿Qué hay de nuevo? La oposición venezolana está dividida en facciones aparentemente irreconciliables que no se ponen de acuerdo sobre la estrategia a seguir para acabar con la crisis de su país. Discrepan sobre si deberían participar en las elecciones y cuándo hacerlo, sobre si deberían negociar con el gobierno, y sobre si deberían apoyar la posible intervención militar planteada implícitamente por potencias extranjeras.

¿Por qué importa? Sin unidad entre al menos las principales facciones opositoras, las perspectivas de resolver la crisis son escasas, ya que esto exige negociaciones genuinas entre la oposición y el gobierno y probablemente algún tipo de autoridad transicional que incluya elementos de ambos. De lo contrario, es probable que haya nuevos actos de violencia – ya sea enfrentamientos civiles o incluso acción militar.

¿Qué se debería hacer? Las facciones opositoras comprometidas con una solución negociada deberían dejar a un lado sus diferencias y forjar una estrategia y un liderazgo común. Los actores externos deberían apoyar la unidad de la oposición y evitar alimentar las divisiones insistiendo en que se celebren negociaciones sin que se den las condiciones adecuadas o sugiriendo que la intervención militar – que podría ser enormemente destructiva – es una opción viable.

Resumen ejecutivo

La implosión social y económica de Venezuela ha provocado una migración sin precedentes que encabeza la lista de preocupaciones en América Latina. Los países vecinos y otras potencias extranjeras han tomado medidas – incluidas sanciones – para lograr algún tipo de transición negociada, que sigue siendo el mejor camino para salir de la crisis. Pero la presión externa hasta ahora no ha logrado superar la intransigencia del gobierno. Mientras, la escisión de la oposición interna – así como la neutralización de líderes clave mediante el encarcelamiento, el exilio y la inhabilitación para cargos a los que fueron electos – menoscaba la estrategia de presión y reduce aún más las perspectivas de diálogo. Aquellos miembros de la oposición que estén comprometidos con una transición pacífica y negociada deben unirse para apoyar una estrategia coherente que se articule con la de sus aliados internacionales, o se arriesgan a ser meros espectadores de las crecientes amenazas de acción militar externa para derrocar al gobierno, lo que probablemente tendría consecuencias catastróficas si se llevara a cabo.

El éxodo en masa de venezolanos es consecuencia de la hiperinflación, la escasez crónica de productos básicos, la disminución de las oportunidades de empleo y el colapso de la infraestructura – incluido un servicio de salud que ya no puede tratar las enfermedades más comunes, mucho menos frenar epidemias. La magnitud del mal gobierno del país y la urgencia de la difícil situación de su gente ha llevado a algunas figuras de la oposición y líderes extranjeros a sugerir que solo el uso de la fuerza puede asegurar el cambio. Estas personas ven a los miembros de la oposición que están en contra de la intervención militar como un obstáculo. Al mismo tiempo, los intentos esporádicos de provocar una insurrección armada han proporcionado al presidente Nicolás Maduro un pretexto para intensificar la persecución de sus críticos, lo que amenaza con agudizar la hostilidad entre las partes y marginar a los restantes partidarios de las negociaciones con el gobierno entre las filas opositoras.

Las divisiones cada vez más evidentes entre la oposición no son principalmente ideológicas. Si bien las fuerzas opositoras abarcan desde la extrema izquierda hasta la derecha conservadora, sus diferencias en torno a la estrategia trascienden estas categorías. Tres de los cuatro miembros originales del grupo directivo de la alianza opositora Mesa de la Unidad Democrática (MUD), el llamado G4, pertenecen a la Internacional Socialista, por ejemplo, pero esa afinidad común no ha impedido la ruptura de la alianza.

De hecho, muchos partidos están internamente divididos en torno a las tácticas. Los líderes de los partidos por lo general eligen aquella estrategia que parezca ofrecer la mejor oportunidad de obtener ventajas para ellos mismos o para el partido, forjando alianzas por el mismo motivo. Las soluciones electorales a la crisis típicamente son respaldadas por quienes cuentan con el mejor aparato electoral, por ejemplo. Un supuesto historial de traición a menudo dificulta las negociaciones a favor de la unidad. Las redes sociales proporcionan el medio idóneo para desprestigiar a quienes opinan diferente, en particular acusándolos de colaborar con el gobierno. Esto último fomenta los insultos y el uso de las negociaciones y elecciones para sembrar el disenso en las filas opositoras, así como manipular las redes sociales mediante el uso de la desinformación y los “bots”.

La desunión no solo se interpone a una estrategia común opositora. Además, complica los esfuerzos para poner fin a la crisis de Venezuela. Por ahora, las negociaciones sobre una transición parecen improbables, dada la intransigencia del propio gobierno. De hecho, unas nuevas negociaciones podrían ser contraproducentes sin un claro compromiso de Maduro de que se tratarán de reformas genuinas y conllevarán medidas de fomento de la confianza, que podrían incluir la liberación de presos políticos, la relajación de la persecución de figuras de la oposición y la restauración de la autoridad de la Asamblea Nacional. A falta de esto, las negociaciones corren el riesgo de permitir al gobierno parecer conciliador y calmar la ira pública sin hacer concesiones sustanciales, fomentando así una mayor división entre las facciones opositoras.

Pero incluso si el gobierno estuviera dispuesto a negociar de buena fe, sin una oposición unida carece de un interlocutor creíble. Asimismo, la desunión de la oposición imposibilitaría la formación de un futuro gobierno de transición que goce de un amplio apoyo público y político, incluya elementos chavistas y opositores, y sea lo suficientemente estable para pasar la página a la crisis. Dicho gobierno – probablemente la única salida a la actual situación de Venezuela – enfrentará enormes desafíos, entre ellos reactivar la economía, reconstruir la infraestructura, frenar el delito violento y tal vez incluso reprimir la resistencia armada del ala dura de los chavistas.

Superar las actuales divisiones dentro de la oposición, o al menos de aquellas facciones dentro del país que apoyan una transición negociada, es por lo tanto fundamental. La prioridad es elegir un nuevo liderazgo capaz de forjar una nueva estrategia. La oposición podría hacer esto o bien celebrando elecciones primarias o bien convocando a los principales líderes opositores del país a acordar un equipo para liderar la transición que incluya a tecnócratas con evidente probidad y experiencia y sea capaz de inspirar confianza a nivel nacional e internacional.

Por su parte, los actores internacionales deberían apoyar los esfuerzos para unir a la oposición, o al menos evitar las medidas que pudieran dividirla aún más. Deberían presionar para que se implementen las condiciones necesarias para unas negociaciones creíbles con el gobierno, siguiendo las pautas planteadas anteriormente. La UE ha sugerido establecer un grupo de contacto formado por Estados latinoamericanos y de otras regiones que apoyen una solución pacífica a la crisis; por ahora, esta idea ofrece el mejor mecanismo para aumentar la presión internacional sobre el gobierno de Maduro para que negocie de buena fe. Los actores internacionales también deberían dejar de hablar de intervención militar, ya que al alentar a las facciones opositoras a endurecer su enfoque desalientan su unidad. Asimismo, cualquier intervención militar externa casi seguro sería desastrosa, y más que ayudar a poner fin a la crisis probablemente generaría aún más caos y sufrimiento para los venezolanos. En líneas generales, un plan de transición factible requiere más que simplemente destituir a Maduro. Requiere determinar cómo, por quién y según qué reglas será gobernado el país de ahí en adelante.

Ver informe completo en: https://www.crisisgroup.org/es/latin-america-caribbean/andes/venezuela/71-friendly-fire-venezuelas-opposition-turmoil

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