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El consumo de chocolate per cápita en Venezuela es de 230 gramos al año

epelbaum

El consumo de chocolate per cápita en Venezuela es de 230 gramos al año:

Un médico de profesión y chocolatero por elección que sigue a flote en Venezuela con una premisa: “El país no se va a acabar”

Chocolates St. Moritz nació en pleno Caracazo, en 1989, y ha sorteado 30 años de políticas de todo tipo. Su presidente, Howard Epelbaum, se niega a esperar que un gobierno -este o el que venga- aprueben alguna medida para favorecer a los empresarios. Este año lanzó tres productos y prepara la salida de un cuarto. Ya exporta a Colombia y organiza la salida de sus confites a otros destinos, como Panamá y España.

Cuando Chocolates St. Moritz nació, Venezuela no estaba en paz. Era febrero de 1989 y el país se asomaría a uno de sus periodos de mayor violencia: el Caracazo, protesta popular contra las medidas económicas del presidente Carlos Andrés Pérez. Con una empresa que tiene este punto de partida son pocas las cosas que pueden arredrar a su dueño, Daniel Epelbaum. Médico de profesión y chocolatero por decisión, Epelbaum decidió decir sí cuando todo le indicaba que debía responder no. Tal vez es su sueño de ser traumatólogo el que le dio las herramientas para soldar cualquier hueso roto en la compañía, y para caminar con bastón cuando Venezuela estaba -y está- postrada.

“Nosotros abrimos puertas la semana del Caracazo”, rememora. “Prácticamente esta empresa ha vivido toda su existencia en un tumulto. Venezuela ha estado llena de conflictos y nos hemos adaptado a esos conflictos. Las empresas que no se han adaptado a los conflictos son las que no están”, asegura. “Las que se han adaptado son las que han crecido”.

Hay empresarios que están hechos de una madera que no se quema con las llamas. Epelbaum parece ser de esta estirpe, que no surgió con él sino con su padre, David Epelbaum, el creador de Tropi Burguer y de otras firmas que marcaron una época en Venezuela. “Creó más de 15 o 20 marcas de comida rápida”, refiere.

Fue una casualidad -¿o causalidad?- que en la feria de comida del Centro Ciudad Comercial Tamanaco, ya en manos de David Epelbaum, apareciera una minitienda, fruto de un contrato previo. Esto lo obligó a llegar a una solución salomónica con los propietarios del CCCT. El empresario resolvió vender chocolates, y al ver un futuro, se asoció con otro empresario, Guillermo Martínez, para montar una pequeña fábrica en la avenida Rómulo Gallegos. “Era de 70 metros cuadrados, con 14 empleados, solo para hacer bombonería y figuras de chocolate”. De ese punto de partida surgieron cuatro tiendas.

Mientras St. Moritz crecía como un niño con nombre extranjero, Howard Epelbaum proseguía su carrera como médico, pero con el tiempo libre dedicado al chocolate. Cuando iba a comenzar el posgrado en traumatología en el Hospital Miguel Pérez Carreño, le explicó a su papá que estaba “enamorado del chocolate”. Se metió de lleno en este negocio, se mudó a Palo Verde, buscó socios y creció.

En su mejor momento llegaron a tener 28 tiendas. Ahora quedan 15. Según sus cuentas mantiene a 250 empleados.

Podría ser un apostador que está dispuesto a echarlo todo por la borda. Después del paro petrolero, cuando los venezolanos estaban en terapia intensiva por la confrontación política, optó por invertir en su empresa. Lo que para otros era un desastre, para él era una oportunidad: la materia primera era nacional y los competidores “colgaron los guantes”.

La crisis galopa, pero Chocolates St. Moritz no ha dejado de crecer: “Cerramos 2018 con 5% por encima de 2017”, se enorgullece. Aun cuando la caída de las ventas en el primer cuatrimestre de 2019 fue devastadora, se recuperó en el segundo cuatrimestre “y posiblemente vamos a otro año de crecimiento en kilogramos”. El consumo en Venezuela, estima, es de 230 gramos de chocolate per cápita por año. St. Moritz puede tener 14% del mercado, con los productos para sus tiendas, los de consumo masivo (como Flaquito, passion noir) y la dotación para las industrias.

Cuatro nuevos productos se sumaron a su portafolio en 2019. Tres de ellos ya están en la calle: barquilate, una tableta económica llamada Stadium y la tableta 30 años -primer proyecto bean to bar (de la barra a la tableta) que es resultado de la mezcla de cacao del Sur del Lago de Maracaibo y Ocumare de la Costa. En este mes de octubre viene el cuarto lanzamiento: un snack económico para niños.

“El país no se va a acabar. El país siempre va a estar”, asevera. “Siempre va a haber alguien dispuesto a consumir un producto de buena calidad, que se elabora con pasión en Venezuela”.

Lo afirma con el convencimiento de que lo suyo es lo mejor, que el cacao venezolano es una maravilla y también lo son los chocolates que salen de su fábrica. “Este es un negocio que no va a decaer. Siempre va a haber un público”.

Ese público no solo está en Venezuela. Ya el producto estrella de la empresa, el Flaquito, se vende en Colombia. También están en conversaciones con Panamá, República Dominicana, Chile, islas del Caribe e, incluso, España. Y de ser necesario, Howard Epelbaum puede hacer gala de su preparación como médico para devolver a la vida lo que puede parecer perdido.

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