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El Cempazúchitl, la antigua flor de los muertos en la tradición del México profundo

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Víctor Flores García / mundo.sputniknews.com

México recuerda este fin de semana a sus muertos en la fiesta anual con mayor sincretismo religioso, mezcla de las profundas culturas autóctonas con la española de los conquistadores hispanos, en la cual la Flor de los Muertos o Cempazúchitl es la principal protagonista.

Para la cosmovisión indígena, la flor que va del intenso amarillo hasta el naranja de esas plantas silvestres, representa “la luz del sol, el calor y la vida en el camino de los muertos”, dijo a Sputnik Nóvosti el productor Juan Tolama, quien cosecha una plantación a los pies de la pirámide de Cholula que data del siglo VIII, dominada por la iglesia colonial de la Virgen de los Remedios construida por los franciscanos entre los siglos XVI y el XVII.

En las festividades otoñales del culto a la muerte, la flor hace presente a Tonatiuh, dios del sol, y culminan el Día de Muertos del 2 de noviembre; en ellas coinciden las tradiciones católicas de los evangelizadores con los antiguos rituales de renacimiento de las civilizaciones mesoamericanas, iluminada con los diversos tonos del deslumbrante color amarillo anaranjado.

El intenso y envolvente aroma cítrico del Cempazúchitl,se mezcla con los inciensos de copal utilizado por los mexicas que dominaron el altiplano central de México a la llegada de los españoles en el siglo XVI, ahora conocidos como aztecas por la leyenda que remonta su origen en la norteña Aztlán, tierra árida desde donde llegaron primero a los valles centrales, hasta ver posarse una legendaria águila sobre un nopal como seña fundacional.

Las fechas coinciden con las épocas de intensa lluvia que traen las temporadas de huracanes en los océanos en el otoño boreal, que llenan los campos coloridos con el penetrante y agradable aroma.

La tradición dice que el inconfundible aroma de la Flor de Muertos, es el que guía a los difuntos desde “el más allá” hasta las ofrendas que cada familia coloca en sus casas, adornadas con comidas, bebidas, objetos y, recientemente, fotografías de sus seres queridos.

Las familias adornan sus casas con comidas, bebidas, objetos y, recientemente, fotografías de sus seres queridos

Las familias adornan sus casas con comidas, bebidas, objetos y, recientemente, fotografías de sus seres queridos. © Sputnik/ Víctor Flores García

Sin embargo, otras versiones indican que el aroma de la flor es una revelación de la presencia del alma de los difuntos y la guía divina en las festividades, en las que se comen tamales y dulces de calabazas, con bebidas de cactus.

La planta cuyo nombre científico es Tagetes Erecta, es una herbácea que contiene un aromático aceite esencial, resina, una materia colorante amarilla, grasa y tanino, que son extraídas para los inciensos.

En la medicina tradicional, es utilizada contra los cólicos ventosos, y el zumo de sus hojas bebido, o las hojas maceradas en agua o aguardiente, templan el estomago frío, sirve de diurético y alivia la fiebre por la sudoración.

El primer español en dar noticia de la flor fue el fraile cronista Bernardino de Sahagún en La Historia General de las Cosas de la Nueva España: “son amarillas y de buen color, y anchas y hermosas, que ellas se nacen, y otras que las siembran en los huertos”.

En el noveno mes llamado Tlaxochimaco “dos días antes que llegase esta fiesta, toda la gente se derramaba por los campos y maizales a buscar flores, así silvestres como campesinas, las cuales unas se llamaban Cempoalxóchitl”, en la cual la terminación Xóchitl significa flor en náhuatl antiguo, según el relato escrito en los primeros años de los tres siglos de la colonia española.

Las flores de Cholula y Atlixco, bajo el activo volcán Popocatépetl, de pico nevado cuyas aguas y cenizas fertilizan los campos, “son las mejores de México”, dice a Sputnik Nóvosti una clienta de don Juan Tolama, al comprar un manojo de dos docenas por 20 pesos, poco más de un dólar.

Más de 6.500 toneladas de esas flores rituales se produjeron este año luego de tres a cuatro meses de siembra en Puebla, Michoacán y el estado de México, un 30 por ciento más en comparación con diez años atrás, de acuerdo con la Secretaría de Agricultura, con valor de 15 millones de pesos, casi un millón de dólares que se reparten sobre todo los campesinos pobres.

En la industria se usa también en la fabricación de pastas, fármacos, medicina tradicional, margarina, bebidas y en el consumo de las aves, para pigmentar los huevos, pero en el imaginario cultural mexicano, su principal valor está en la evocación de sus antepasados y sus raíces profundas.

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